España e Italia suelen aparecer juntas cuando alguien empieza a imaginar su primer viaje a Europa. Madrid, Barcelona, Roma, Florencia y Venecia resultan difíciles de dejar afuera, especialmente cuando se trata de un viaje esperado durante muchos años.
La combinación puede funcionar muy bien. Los dos países ofrecen ciudades con mucha historia, buena gastronomía, paisajes diferentes y conexiones que permiten organizar un recorrido atractivo. El problema aparece cuando se intenta conocer demasiado en pocos días.
Incluir dos países no es necesariamente excesivo. Lo que puede volver agotador al viaje es sumar demasiadas ciudades, cambiar constantemente de alojamiento y calcular los traslados como si solamente ocuparan el tiempo del tren o del vuelo.
Como referencia general, un viaje combinado empieza a sentirse equilibrado cuando dispone de aproximadamente 14 o 15 noches y se eligen cuidadosamente las ciudades.
Con menos tiempo también puede hacerse, pero será necesario reducir el recorrido. En un viaje de 10 o 12 noches, por ejemplo, suele ser más conveniente concentrarse en dos o tres ciudades principales, en lugar de intentar recorrer ambos países de punta a punta.Una distribución posible para 14 o 15 noches podría ser:
No es la única combinación posible. Las ciudades y la cantidad de noches deben adaptarse a los intereses, la edad de los pasajeros, el ritmo buscado y los lugares que realmente sean prioritarios.
España e Italia pueden complementarse muy bien cuando el viaje se organiza por bloques. Por ejemplo, primero se recorren dos ciudades españolas, luego se realiza un vuelo hacia Italia y allí se continúa el itinerario en tren.
Dentro de cada país, la alta velocidad permite unir varias ciudades importantes llegando directamente a zonas céntricas. Madrid y Barcelona cuentan con servicios ferroviarios de alrededor de dos horas y media, mientras que Roma y Florencia pueden conectarse en aproximadamente una hora y media. Roma y Venecia requieren cerca de tres horas y media, según el servicio elegido. Esta combinación funciona especialmente bien cuando:
La clave está en entender que el itinerario debe permitir conocer los destinos, no solamente llegar a ellos.
Uno de los errores más habituales es mirar únicamente la duración del vuelo. Un trayecto aéreo puede parecer corto, pero el cambio de país suele ocupar una parte importante del día.
Hay que salir del hotel, trasladarse al aeropuerto, presentarse con anticipación, despachar equipaje cuando corresponda, volar, retirar las valijas y llegar al nuevo alojamiento.
Por eso, aunque el vuelo dure pocas horas, no conviene planificar visitas importantes el mismo día. Pensar esa jornada principalmente como un día de traslado ayuda a construir un recorrido más realista.
El viaje empieza a perder equilibrio cuando se intenta incluir Madrid, Barcelona, Sevilla, Roma, Florencia, Venecia, Milán y la Costa Amalfitana en dos semanas.Sobre el mapa puede parecer posible. En la práctica, significa pasar buena parte del viaje preparando valijas, realizando check-in, llegando a estaciones y adaptándose nuevamente a una ciudad.
También puede quedar demasiado intenso cuando:
Viajar con un itinerario exigente no es necesariamente un problema cuando ese es el estilo buscado. Pero debe ser una decisión consciente y no el resultado de sumar destinos sin calcular los tiempos reales.
Madrid, Barcelona, Roma y Florencia.
Es una combinación ideal para quienes quieren conocer ciudades emblemáticas sin realizar demasiados cambios. Permite dedicar tiempo a los principales atractivos y mantener una estructura sencilla: tren dentro de España, vuelo entre países y tren dentro de Italia.
Madrid, Barcelona, Roma, Florencia y Venecia.
Puede funcionar bien con unas 16 o 17 noches. Venecia agrega una experiencia completamente diferente, pero también incorpora otro traslado y un nuevo alojamiento. Para incluirla sin acelerar demasiado, conviene disponer de al menos dos noches completas.
Otra alternativa es reducir la cantidad de grandes ciudades y sumar una experiencia regional. Por ejemplo:
Estas opciones requieren revisar cuidadosamente las conexiones. No todas las combinaciones que resultan atractivas en un mapa son igualmente prácticas durante el viaje.
No existe un orden correcto para todos los pasajeros. La decisión puede depender de los vuelos internacionales, las tarifas disponibles, la época del año y la ciudad desde la cual convenga regresar a Argentina.
En algunos itinerarios resulta práctico comenzar por Madrid o Barcelona y terminar en Roma. En otros, la mejor combinación aérea permite hacer el recorrido inverso.Lo importante es evitar regresar innecesariamente a una ciudad ya visitada solo para tomar el vuelo de vuelta. Cuando es posible, ingresar a Europa por un país y regresar desde el otro ayuda a reducir traslados y aprovechar mejor el tiempo.
Dejar una ciudad afuera no significa perder una oportunidad. Muchas veces permite disfrutar mejor las que sí forman parte del recorrido.
Permanecer una noche adicional en Roma puede dar tiempo para conocer el Vaticano con tranquilidad. Un día más en Madrid permite recorrer un barrio diferente o visitar Toledo. Otra noche en Florencia puede utilizarse para descubrir parte de la Toscana.
Un buen viaje no se mide únicamente por la cantidad de destinos. También se construye con el tiempo disponible para caminar, detenerse, comer sin apuro y vivir cada lugar más allá de sus principales monumentos.
España e Italia pueden formar un excelente primer recorrido por Europa. Para que la combinación funcione, es necesario elegir prioridades, ordenar correctamente los traslados y asignar una cantidad realista de noches a cada destino.
En Grulla Viajes diseñamos viajes internacionales a medida desde Puerto Madryn. Analizamos vuelos, alojamientos, trenes, traslados, excursiones y asistencia al viajero para construir un itinerario que se adapte a tus tiempos y a la manera en la que querés conocer Europa.